lunes, junio 14, 2004

El Retiro

Noche en El Retiro. Qué noche tan mágica. El ambiente que se vive en El Retiro madrileño es único. La gente baila en la calle, danza al ritmo de los timbales. Un ritmo impresionante que nos llena a todos de vida y nos hace bailar, olvidándonos de todos nuestros complejos y problemas. Es cierto que hay mucha droga, mucha gente peligrosa, y gente mal de la cabeza, gente muy borracha y gente hasta arriba de todo. Pero vamos a fijarnos en lo bueno: La noche llena de estrellas, un ritmo energético y portador de vida, y baile, juegos, risas, paseos, cervezas, y ese rico olor a porro. Porrito rico porrito rico. Que unos lo fuman y todos nos envolvemos en el aroma. Y todos, colocados, nos olvidamos de todo para dejarnos llevar por el ritmo y empezar a bailar como locos, moviéndonos sin parar, hacia todos los lados, sin complejos, arriba, abajo, delante, detrás.

Una fiesta cada noche. Una gran fiesta un domingo por la noche. Como un domingo cualquiera. Mostramos nuestros tirantes, porque la temperatura lo permite, y a dejarse llevar. Muchos se quitan la camisa, muchos subimos a lo alto para bailar, muchos juegan a la comba ¡sí, a la comba!, ese gran juego olvidado por los adultos. Todavía recuerdo cuando pasamos de quinto a sexto de E.G.B. En quinto jugábamos todos a la comba, y cuando llegamos a sexto, y yo pregunté por la comba, me miraron todas con caras raras y me dijeron que a eso ya no se juega. ¿No? ¿pero entonces, ahora a qué se juega? Pues ahora nos sentamos todas en las gradas del recreo, viendo a los chicos jugar al fútbol, y hablando de grupos musicales, de ropa, de niños guapos y un sinfín de gilipolleces por el estilo. Así estuve un tiempo, hasta que surgió un nuevo juego: el baseball ¡Menos mal! ¡Por fin algo divertido!

Y es que, ¿seré yo rara? ¿por qué me encantaría a mí reunirme con unos cuantos amigos y jugar a la comba, y sin embargo a nadie más le gusta?
Ummm.... pues no señor. Esta noche jugaban a la comba, unos con otros, descalzos, en El Retiro, saltando, riendo, jugando. Jugando como cuando éramos niños. ¿Pero quién dijo que ahora ya no podemos jugar? ¿por qué? ¿por qué no? (esa pregunta que tanto le gusta a un amigo mío).

Y ahí estaba yo, bailando en lo alto de todo el follón de timbales y demás instrumentos, dejándome llevar, bailando, gritando y soltando toda la energía que llevaba dentro, y adentrándome en la noche madrileña, como una más, como un ser vivo que quiere vivir, gozar, disfrutar de esta vida que sólo vivimos una vez. ¿Bailas conmigo? me dijo un muchacho. ¡Pues claro!

Había gente jugando con esas bolitas a las que van cosidas unas telas, y hacen un verdadero espectáculo de color y baile. Los más atrevidos sustituyen las bolitas de tela por fuego. Todo un espectáculo. Todo un circo.

Y lo mejor, la música. Esa música mágica que extrae todo nuestro jugo, que nos hace perder el control y nos sumerge en las profundidades de nuestros mejores sueños.

Y no estaba sola. Estaba con alguien muy especial. Alguien que compartió esa magia conmigo. Alguien que bailó, rió, bebió, gritó, soñó conmigo.

miércoles, junio 09, 2004

probando

pues probando estoy